Aunque la vieja idea marxista de que la ideología dominante es la ideología de la clase dominante parece arrumbada en el desván de los trastos inútiles, sigue siendo vigente. La existencia de ese conjunto de representaciones e interpretaciones que aún podemos identificar precisamente como una “ideología de la clase dominante” sigue teniendo expresión en esa entidad que denominamos “la derecha”, sobre todo cuando pretende legitimar el poder desde el discurso. Las clases sociales que tienen la capacidad de acumular el mayor volumen de capital económico pretenden también monopolizar otras especies de capital: simbólico, jurídico y hasta lingüístico.
De todos esos tipos, seguramente el que tiene mayor relevancia en la discusión pública del momento actual es el capital simbólico en el sentido que le da Pierre Bourdieu de “reconocimiento, institucionalizado o no, que obtiene un grupo” para imponer un discurso que se lee como un lenguaje legítimo y que “encierra la pretensión de ser escuchado, e incluso creído y obedecido”.1
De manera más o menos convenci...[+]